Como fue

jueves, septiembre 15, 2005

Vuelveee... a casa vuelveeee...

... por Navidad ...mmm ... o Septiembre :-P

Hace ya pronto 4 años, dado lo amante de los animales que era mi hija "T" y después de un análisis detallado de pros y contras de tener distintos tipos de mascotas en casa, en Navidades le regalé una preciosa gatita persa himalaya de 1 mes a mi "pichurri", mi hija "T". Como es lógico, le encantó, se volvió loca, y durante mucho tiempo se convirtió en su compañera inseparable.

El regalo fue absolutamente sorpresa (ella no se esperaba nada así) y yo, antes de decidirme pensé mucho qué tipo de animal comprar. Lo que más me gustaría a mí sería un perro, por lo cariñoso y cercano que pueden ser, pero el hecho de tener que sacarlo a pasear, a hacer sus necesidades, recoger sus caquitas, etc. me hizo descartar esa opción (aunque siempre he querido tener uno desde pequeño).

Puesto que se trataba de tener un animal que al menos mostrase cierta empatía con sus dueños (o acompañantes, mejor decir), me decidí por un gatito (no hay que sacarlo a pasear, ellos solos van a hacer sus necesidades donde les han enseñado, etc.), y entre los gatitos, tras mucho preguntar y leer, elegí la raza persa himalaya por su docilidad y tranquilidad (no quería que me rompiese todas las cortinas, ni los sofás, etc.). El resultado fue el cachorrito que véis aquí al lado. La verdad que una monada jeje. Hasta a mí se me caía la baba viéndola. Hubo que ponerle nombre, y entre "T" y yo decidimos que se llamase Maya (sí, como la abeja).

El tiempo pasó, y gracias a Dios y para fortuna de mi hija y mías y de todos los que nos rodean, me divorcié como un año después. Todo el lío fue bastante tranquilo para lo que suelen ser esos líos, pero una de las consecuencias es que Maya dejó de vivir con nosotros (con mi hija y conmigo) y así permaneció el tema hasta el día de hoy.

Ayer me llamó mi pichurri, había ido a pasar 2 días con su madre, para decirme que su madre quería regalar a Maya, porque ya no la quería con ella, etc. etc. Mi pichurri tiene ya casi 13 años, así que no lloraba e intentaba no mostrar tristeza, pero su tono de resignación e impotencia pasaba a través de la línea telefónica como el agua lo hace a través de un colador. Yo le dije que no podíamos hacer nada, que esa no es nuestra casa, ni mucho menos la mía y por tanto no puedo recriminar a nadie por lo que pase allí dentro (en realidad sí que podría, pero teniendo en cuenta el interlocutor, no tendría ningún efecto positivo para nadie). Así que ahí quedó la conversación, diciéndole que al menos, nosotros intentaríamos encontrar un hogar donde pudiese seguir viéndola y la tuviese cerca.

Esta conversación ocurrió ayer, mientras ibamos conduciendo hacia el ensayo. A mi chocolate "Y" le dió mucha pena y a mí también. Empezamos a hablar sobre la gata, que si era muy buena, tranquila, que yo la tenía muy bien enseñada, e incluso, para lo que es un gato, era cariñosa. Esta mañana, nos hemos levantado hablando de lo mismo, que quizás podríamos probar a tenerla en casa. A mi chocolate no le gustan demasiado los gatos (tuvo una mala experiencia con una gata rebelde en casa de un familiar) y a mí lo que más me fastidia son los pelos, que empezarán a aparecer irremediablemente por la casa. Pero la verdad es que es muy bonita, y si no ha cambiado su carácter, tranquila y cariñosa.

El caso es que hemos pensado en que quizás nos podemos quedar con ella, al menos en periodo de pruebas a ver si todos nos adaptamos unos a otros. Hoy lo hablaremos tranquilamente de nuevo, y cuando lo decidamos, os contaré :) Lo cierto, es que haría mucha compañía a todos cuando estamos solos. Habrá que hacer de nuevo la lista de reglas (prohibida su entrada a las habitaciones...etc. ;)). Veremos.

No tengo fotos de Maya ahora, pero tendrá más o menos este aspecto: